¿Cuándo ir a un terapeuta ocupacional?

Parece una especialidad “de moda” que ha llegado para quedarse porque más allá de una tendencia pasajera, esta terapia ha probado ser muy efectiva tanto para niños, jóvenes y adultos, pues, cuando presentan un problema, fortalece la participación de ellos en la sociedad.

Todos tenemos algo de dificultades en la vida, pero cuando ese algo (ya sea motor, sensorial o mental) no deja participar adecuadamente del ambiente, puede perjudicar el desempeño y participación social de la persona. Esto causa también que, por ejemplo, un niño comience a ser catalogado como un niño problema, porque es torpe o no se relaciona bien con quienes lo rodean.

La Terapia Ocupacional es una especialidad que se preocupa de habilitar o rehabilitar a la persona que, por cualquier motivo, ha visto afectado su desempeño ocupacional en la participación social. “Y esto va desde personas con síndrome de Down, con alguna discapacidad física o que no tienen nada aparente, como un niño que le cuesta cortar con tijeras. Aquí caben incluso las personas que están en situación de pobreza y que necesitan desarrollar las habilidades propias para salir de esta situación”, explica Claudia Vottero, secretaria académica de la carrera Terapia Ocupacional de la Universidad de Los Andes.

Francisca Ovalle es terapeuta ocupacional, egresada de la Universidad Mayor y especializada en integración sensorial, una técnica de terapia ocupacional para niños. Ella explica que esta especialidad es integral, y que por lo mismo, ayuda a tratar a una amplia gama de personas. “Por ejemplo, alguien que tiene depresión y que recibe ayuda del psiquiatra, pero que además necesita poder insertarse en su vida normal.

Entonces uno la ayuda a ver qué es lo que falla y dónde necesita apoyo, entre otros. La idea es acompañar a la persona en ese proceso y tiene que ver con la actividad que ésta realiza. Lo mismo con quien tiene alguna discapacidad física grande. Se rehabilita desde la musculatura hasta cualquier acción normal de la vida diaria, como peinarse o andar en micro”.

¿CÓMO FUNCIONA LA TERAPIA?

Esta terapia trabaja con las ocupaciones de cada persona según la etapa del ciclo vital en que estén. Por ejemplo, la guagua recién nacida está en una etapa exploratoria, se trabaja en lo táctil y las sensaciones. En los adultos su etapa vital es el trabajo, entonces la terapia estará centrada en eso.

La docente Carmen Gloria De las Heras y la secretaria académica, Claudia Vottero, encargadas de Terapia Ocupacional en la Universidad de Los Andes, explican que lo más importante de tratar a un paciente es verlo como una persona única. Se busca que la terapia esté centrada en ella en particular, con su propia historia ocupacional, sus propias motivaciones y actividades. Se analizan todos sus aspectos, intereses y dificultades para poder integrar a ese paciente en su ocupación. “La mirada es integradora. El terapeuta no mira solamente una mano o un pie sino a la persona. Tomando en cuenta también sus necesidades específicas y su familia”, asegura Carmen Gloria De las Heras.

INTEGRACIÓN SENSORIAL: TERAPIA PARA NIÑOS

En los niños la etapa en la que se desenvuelven es el colegio, y la terapia se hace a través del juego, donde se busca también desarrollar las habilidades para poder lograr buen desempeño pedagógico.

En la integración sensorial, que es una técnica de la terapia ocupacional, lo que se busca es que el niño desde su motivación interna, al pasarlo bien, logre los objetivos definidos. Esto es llevado a cabo en una sala especial llena de estímulos y ejercicios prácticos para que vaya conociendo su mente, su cuerpo y aprenda a adaptarse a su ambiente adecuadamente.

Además, la familia y los padres son esenciales para que la terapia sea llevada a la casa. El terapeuta también trabaja en conjunto con el colegio para observar el comportamiento del alumno tanto en la clase como en el recreo.

Josefina Drápela es terapeuta ocupacional y lleva 5 años trabajando con niños. Cuenta que le llegan pacientes de todo tipo, con alguna discapacidad ya diagnosticada, o que la profesora lo manda porque simplemente toma mal el lápiz. Pero explica que, en general, todos tienen una razón más profunda: los distintos sistemas sensoriales no se están integrando de manera adecuada para hacer que el niño tenga un absoluto conocimiento de su cuerpo de manera de poder, por ejemplo, colorear sin salirse de la línea.

“Son niños que se les hace más difícil que al resto realizar ciertas cosas, jugar con sus propios juguetes o usarlos bien, y tienen un nivel de desarrollo más bajo. También pueden tener problemas en la relación con sus compañeros, no saben respetar turnos o normas dentro de la sala de clases”, asegura Drápela.

PLANEAR Y COMPRENDER

Cuenta que hay veces en que el niño es mal diagnosticado con déficit atencional, porque le gusta moverse y le cuesta concentrarse, pero lo que en realidad tiene es un problema sensorial que puede ser solucionado con terapia ocupacional.

La terapeuta, que trabaja en el Centro Médico El Bosque, explica: “Aquí lo que se hace es que se busca el modelo adecuado de tratamiento, con sus implementos necesarios y a través de eso se le va exigiendo al niño una respuesta para que se conozca, aprenda a actuar y responder. Y lo que se le va enseñando es que suba un escalón más difícil de lo que él ya hace. También se le pone en aprietos para que sepa cómo responder adecuadamente”. Un ejemplo típico son los niños que quizás no tienen una discapacidad aparente, pero que les resulta difícil llevar a cabo alguna actividad propia de su edad.

En esto hay tres etapas que muchas veces no pueden completar: El “qué hago”, lo que se llama la ideación en donde el niño no es capaz de decidir qué hacer; el “cómo lo hago”, o sea la planificación motriz; y el “llevarlo a cabo”, es decir, la ejecución motriz. Esto puede afectar el juego, la escritura, el abrocharse los botones, o cualquier actividad de la vida cotidiana.

Y ése es el proceso que el terapeuta va facilitando. Esto se puede descubrir desde una muy temprana edad cuando el niño, por ejemplo, no logra encajar la figura geométrica en su espacio adecuado, incluso después de que se le enseñe. El terapeuta trabaja con él para que por sus propios medios el pequeño vaya aprendiendo a usar el cerebro y entienda la lógica del juego.

Es una terapia integral, donde no sólo se preocupan de que el niño coordine sus manos, sino todo para que aprenda a conocer su cuerpo. Y además se le refuerza positivamente lo que hace bien.

“Muchas veces las mamás hacen una verdadera peregrinación en búsqueda del especialista adecuado para su hijo, hasta que finalmente llegan a nosotros. Por eso que es muy importante dar a conocer esta especialidad para que tanto los papás como los médicos, profesores y psicólogos sepan que pueden derivar sus pacientes al terapeuta ocupacional”, asegura Claudia Vottero de la Universidad de Los Andes.

¿Cómo saber si su hijo necesita terapia ocupacional?
1. Está constantemente empujando, corriendo, balanceándose o moviéndose en la silla.
2. Le molesta en forma excesiva que lo toquen, que lo abracen, las etiquetas, la ropa en general.
3. Es extremadamente retraído y tímido. Tiene fobia escolar o no participa con el resto de sus compañeros en el recreo.
4. Es poco activo, le gusta estar extremadamente tranquilo.
5. Tiene problemas para leer o escribir que no son propios de la edad.
6. Tiene dificultades para vestirse, abrocharse los zapatos, tomar los cubiertos, entre otros.

 

Ver artículoo original en: “Hacer familia”

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