El abandono de la Terapia Ocupacional en nuestros hospitales

La Terapia Ocupacional es “Una profesión sanitaria que a través de la valoración de las capacidades y problemas físicos, psíquicos, sensoriales y sociales del individuo pretende, con un adecuado tratamiento, capacitarle para alcanzar el mayor grado de independencia posible en su vida diaria, contribuyendo a la recuperación de su enfermedad y/o facilitando la adaptación a su discapacidad”

En ocasiones la traducción literal del término Terapia Ocupacional, da pie a confundir la finalidad de ésta intervención sanitaria “con la intención de tener ocupada o entretener a la persona”, por lo que es importante remarcar que el fin de la T.O es conseguir la máxima funcionalidad de la persona con cualquier tipo de discapacidad, ya sea física, psíquica, cognitiva, conductual o una variedad de ellas, a través de la actividad con sentido y/o talleres terapéuticos con unos objetivos tanto generales como específicos que conduzcan al mayor nivel de independencia posible. Es por lo tanto una parte fundamental e imprescindible del proceso de rehabilitación y así está recogida dentro de la cartera común de servicios del sistema nacional de salud en el proceso de rehabilitación.

En nuestra sanidad pública Canaria esta intervención es otra asignatura pendiente ya que los servicios de rehabilitación de los hospitales de La Gomera, La Palma, y El Hierro han prescindido de este tipo de unidades, no habiéndose incluido tampoco en ninguno de los Centros Ambulatorios de especialidades (CAEs) de nuestra comunidad.

En el resto de hospitales Canarios el panorama no puede ser más desolador… como ejemplo tenemos la Unidad de Terapia Ocupacional del Hospital de la Candelaria que sumida en un caótico servicio de rehabilitación, y tras 36 años de actividad continuada ha ido disminuyendo su personal paulatinamente, a pesar del incremento de la demanda asistencial y mantiene el mismo mobiliario obsoleto desde su apertura, mezclándose los diferentes tipos de pacientes de forma masiva, (adultos, niños, neurológicos, etc.) con la brillante excusa de incrementar la productividad y disminuir listas de espera a costa de cualquier otro criterio profesional, trabajando en unas lamentables condiciones organizativas con alarmantes carencias de seguridad en las infraestructuras. Los materiales de tratamiento, muchos aportados o realizados por los profesionales allí presentes o los mismos pacientes, acumulan décadas de desgaste sin que esto signifique para los gestores responsables de estas unidades un elemento de reflexión.

Miles de usuarios se encuentran privados de la posibilidad de acceder en condiciones dignas a una intervención por medio de la Terapia Ocupacional dentro de la sanidad pública, y aquellos que podemos considerar “privilegiados” lo hacen en unidades con medios desfasados, y gestionadas por responsables que desconocen y nada tienen que ver con esta digna profesión.

Y es así como llegamos a sus últimas consecuencias, las de un sistema desequilibrado deficitario, y sordo a las carencias de profesionales y usuarios, que ignoran en su mayoría los derechos que les asisten, el derecho a una intervención digna, apropiada, y ajustada a sus necesidades.

Diego Moguel Cano,

Presidente de la Asociación Profesional de Terapeutas Ocupacionales de Canarias.

Unidad Terapia Ocupacional del HUNSC

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