“Hace unos meses, ni hablaba ni comía; ahora puedo hacerlo gracias a la Terapia Ocupacional”

Varios pacientes explican su experiencia personal y narran cómo esta disciplina les ha ayudado a mejorar su vida diaria

El silencio es un deseo utópico en los corredores del Hospital Virgen de las Nieves. Cada rincón se encuentra minado de grupos de pacientes y de familiares que discuten entre sí diagnósticos previos, resultados probables o esperanzas, que pueden ser fundadas o vanas. El tono indica preocupación. La práctica totalidad de las personas que uno se puede encontrar allí desearían estar en otro lugar.

Pero no todo el Hospital es así. En la parte de abajo, al final del laberinto donde, quien más y quien menos reclamaría su trofeo por haber encontrado bien el camino de ida y rezaría por hallar el de vuelta, el bullicio es diferente. Las voces femeninas resquebrajan el aire a un volumen perfectamente audible. Son conversaciones cotidianas, de experiencias pasadas o de la más rabiosa actualidad. Es la zona dedicada a la Terapia Ocupacional, la profesión que algunos califican como la más humana del mundo.

En la sala de pacientes físicos, el buen ambiente es lo primero que llama la atención. Ningún paciente parece estar especialmente fastidiado por encontrarse allí. Y menos si la terapeuta en cuestión es Ángela López: “Ella es especial”, asegura una de las mujeres que se encuentra en la sala, de unos sesenta años de edad: “El trato, en general, es genial. Yo estoy aquí porque tuve una operación en el túnel metacarpiano y estoy recuperando la fuerza en la mano gracias a la actividad, los masajes y a un aparato que yo llamo el electrocutador”, explica divertida.

A su lado, una mujer algo más joven asiente y rompe a reír ante algunas de las ocurrencias de su compañera. Apenas llevan una semana realizando la terapia juntas, pero parecen haber hecho buenas migas. “Utilizan algo que se llama parafina para calentar el músculo, nos dan corrientes y nos entrenan a través de ejercicios para fomentar el movimiento”, narra esta paciente, que tuvo que recurrir a la terapia ocupacional después de que una caída fortuita le provocase una fractura de muñeca.

Ambas coinciden en señalar la grata sorpresa que les ha provocado la mejoría en sus respectivos casos a medida que ha ido avanzando la terapia. “Nos gusta ayudar”, apunta Belén Gallego, una estudiante de último curso de Terapia Ocupacional de la UGR. Ella, como otros, llegó a la carrera rebotada tras su intento de acceder a medicina, pero no se arrepiente. En algunos casos, como en el suyo, la vocación aparece ya en la Universidad.

UN CASO ESPECIAL

En la planta de arriba, en el llamado Centro de Día, una paciente llama la atención sin necesidad de articular palabra. Su nombre es Eugenia Villegas y su aspecto la delata: “Me encanta la moda, he trabajado muchos años en ese ámbito y tuve una tienda en Granada, pero tuve que cerrarla”, narra la mujer, de mediana edad, antes de relatar su caso: “Hace unos meses, ni hablaba ni comía; ahora puedo hacerlo gracias a la terapia ocupacional”.

Villegas explica un cuadro, el suyo, que parece casi un milagro: “He tenido cuatro operaciones por culpa de una enfermedad que no tiene medicación y que me afectó a las cuerdas vocales. No podía hablar, ni tragar alimentos”, apunta Eugenia ante la atenta mirada de Iluminada Abánades, su terapeuta ocupacional. “¡Ahora hasta me atrevo con una maritoñi!”, remacha entre risas.

En ese sentido, Eugenia Villegas destaca el papel indispensable de la terapia ocupacional: “Es lo que me está ayudando. Tengo el problema del volumen de la voz pero, poco a poco, iré mejorándolo. Ahora, lo que antes solo era un sueño, es una realidad. Me gustaría cenar en mi casa esta Navidad para que mis familiares lloren… Pero de alegría porque les estoy quitando el pollo”.

Para concluir, Villegas lanza una reivindicación al aire: “Que se recorten las faldas, que no pasa nada, pero los recortes para sanidad, no”. Desde luego, en su caso personal, la Terapia Ocupacional le ha servido para volver a llevar una vida más normal. Quizá no haya mejor resumen de la labor de los terapeutas ocupacionales que ése.

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